sábado, 14 de mayo de 2011

La patrona / Dostoievski (1847)














Me siento totalmente absorbido por la literatura de Dostoievski. Estoy haciendo una génesis de su obra y ya he comentado en este blog Pobres gentes, El doble y El señor Projarchim entre sus primeras obras (además de El jugador, pero esta es más tardía). Lo que más me emociona es que en este camino me espera lo mejor del autor moscovita, su etapa de madurez, su areté literaria. Acabo de leer La patrona (Chozjájka en ruso, por si hay alguien más allá de los Urales que lea esto…), novela corta publicada en 1847 que le sirvió para ganarse la enemistad de sus antiguos admiradores. Dostoievski rompió con el papa de la crítica literaria, Belínski, porque éste había escrito una crítica feroz de esta obra (llegó a decir que era un "absurdo psicológico").

Nietzsche calificó a Dostoievski como el único "psicólogo serio" que había dado la humanidad… el creador de El Anticristo estaba considerado un loco, pero no le faltaba razón al realizar esta afirmación, sobre todo si trasladamos la psicología al terreno de la literatura.

La patrona pertenece a la realidad y a la fábula al mismo tiempo. Crea una historia que camina entre la realidad y en el delirio de la mente humana, como un acróbata que, con una pequeña pértiga en la mano, se dispone a cruzar un abismo a través de un pequeño cable de acero. Pero Ordinov, el personaje principal, no es el único que confunde sueños y realidad… Dostoievski tiene la habilidad suficiente para que esa confusión se traslade al lector. Nos pone un cebo en el que pronto quedamos atrapados.

Para que os familiaricéis con la obra un poco…

Ordinov, nuestro personaje principal, vive en la más absoluta soledad. Apenas se ha relacionado con la gente pues toda su vida ha estado consagrada a la ciencia. Un día, mientras pasea por las calles de San Petersburgo...


“Se le ocurrió de pronto un nuevo pensamiento nada tranquilizador: Se había pasado toda la vida solo, no existía una sola persona en este mundo que le tuviera afecto y tampoco llegó a tener ocasión de tomárselo a nadie. Intentó trabar conversación con varios de los transeúntes que se cruzaban con él, pero éstos le miraron asombrados y de un modo muy particular.”
“De pronto, oyó un sordo rumor de pasos que, acompasadamente, se acercaban desde la puerta. Se volvió para mirar; apenas divisó a las dos personas que entraban, se apoderó de él una curiosidad inexplicable. Se trataba de un hombre de edad y una mujer joven. El viejo era un hombre corpulento, todavía erguido y fuerte, pero en extremo delgado y de una palidez enfermiza.”
La mujer a la que alude este párrafo se llama Katerina; una joven de extraordinaria belleza que va a transformar por completo la vida de nuestro protagonista. A partir de ese momento queda tan profundamente enamorado de su belleza que comienza a perder el juicio. Quiere saber todo acerca de esa mujer y del compañero, un viejo extraño, mitad bandido, mitad santurrón, al que llama Murin y que ejerce una misteriosa influencia en ella.

Ordinov consigue alquilar un pequeño rincón de un cuarto que linda con la habitación de esta misteriosa pareja. Katerina parece vivir en un continuo tormento; se pasa el día rezando y se despierta por las noches entre sollozos. Durante el día, en sus conversaciones con Ordinov, no hace más que hablar de cosas extrañas

“El dice que cuando se muera vendrá a buscar mi alma pecadora. Yo le pertenezco. Le he vendido mi alma. Y ahora no hace más que atormentarme y leerme cosas terribles de sus libros. ¡Mira, allí tiene el libro! ¡Allí! El dice que estoy en pecado mortal. Mira su libro. ¡Allí está!”
No recuerda bien los acontecimientos que la llevaron a alcanzar ese estado mental pero quiere hacer de Ordinov un confidente de sus desdichas y trata de contarle los hechos, que no dejan de ser una mezcla de heroísmo, sangre y raptos místicos...
“Era una noche como ésta —empezó Katerina—, aunque más oscura y terrible, porque el viento silbaba en el bosque como jamás lo había oído. Aquella noche fue la de mi perdición. Se desgajó la encina que estaba delante de nuestras ventanas. No sé, pero el viejo mendigo que siempre llamaba a nuestra puerta —era un hombre muy, muy viejecito— decía que él recordaba desde siempre aquella encina, y que cuando era pequeño, aquel árbol era tan corpulento como entonces, cuando el huracán lo partió.”
Termino esta entrada dejando el fragmento de la obra que narra el episodio de la barca, tremendamente misterioso y una de las claves de la novela…

Subimos a la barca. La noche era muy oscura, no había estrellas, y el viento aullaba, levantando las olas. Ya estábamos a una versta de la orilla. Todos íbamos en silencio. «Se avecina tormenta —dijo finalmente mi amo—. Y esta vez no promete nada bueno. Jamás he visto en el río una noche como ésta. Con el temporal, la barca no podrá soportar el peso de tres personas.» «Tienes razón —respondió Aliosha, con voz vibrante por la emoción—, no puede soportar tres personas. ¡Uno de nosotros sobra!» «Bueno, ¿y qué vamos a hacer, Aliosha? —dijo mi amo—. Yo te conozco desde que eras pequeño, y a tu padre, que esté en la gloria. El y yo hemos bebido juntos y hemos compartido también el pan y la sal. Así que, dime, Aliosha, ¿podrías tú llegar desde aquí a la orilla sin barca; o perecerías? ¿No podrías, en caso de necesidad, llegar a la orilla?» «No —respondió Aliosha—, no podría alcanzarla.» «Pero ¿quién sabe? Tal vez tengas suerte y puedas llegar a ella.» Entonces, mi amo, volviéndose hacia mí, dijo: «Bueno, pues escúchame, Katerinuschka, hermosa e inapreciable perla mía. Recuerdo una noche semejante a ésta, sólo que entonces no se encrespaban las olas, y había estrellas en el cielo y brillaba también la luna. Dime, te lo pregunto sin la menor intención, ¿te acuerdas tú también de esa noche?» «Sí», respondí. «Pues si no la has olvidado, recordarás asimismo que un hombre temerario indicó a una linda muchacha de qué modo podría recobrar su libertad, cuando dejara de amarle. ¿Lo recuerdas?» «También de eso me acuerdo», repuse, más muerta que viva. «Bueno, pues mira, tres personas son demasiada carga para esta barca. ¿No le habrá llegado a alguno de nosotros su hora? Amor mío, habla, di una sola palabra, palomita mía...»



Referencias

  • Dostoievski, Fiodor. Obras completas. [traducción... del ruso, introducción, prólogos, notas y censo de personajes, por Rafael Cansinos Assens]. Madrid : Aguilar, 1949

5 comentarios:

  1. ESTA BUENA ESTA OBRA ME ENCANTA MUCHOPP

    ResponderEliminar
  2. Se trata de una obra absolutamente fantástica. Dostoievski me emociona. Muchas gracias por tu comentario.

    ResponderEliminar
  3. Me parece que hay un dato equivocado, Dostoievski se gana la enemistad de Bielinski con la publicación de "El Doble", que fue su segunda novela. Esta fue la tercera. Muy bueno el blog, saludos!

    ResponderEliminar
  4. Tremendo Dostoievski, sus narraciones siempre enigmaticas y sobretodo llevaderas y dignas de hacerte pensar, hablar y sentir como su personaje

    ResponderEliminar
  5. Excelente el escrito que haces de esta pluma rusa; excelente obra a la que haces alusión...

    ResponderEliminar

 

Mi mundo perdido. Copyright 2008 All Rights Reserved David Fernández García